En el Editorial de su periódico El Colombiano y en una entrevista que le ofreció a la W, se refiere a mi legítima candidatura a la Alcaldía de Medellín en términos desobligantes e irrespetuosos, que no le acepto ni como ciudadano; ni como candidato a la alcaldía con el aval de más de 452.000 firmas de ciudadanos libres y con el honor de haber sido respaldado casi por unanimidad por el Gran Partido Conservador y otros partidos. En virtud de ello, le solicito con firmeza que rectifique su infundado escrito que atenta contra mi buen nombre y coarta la libre expresión en la Democracia electoral.
Doctora Ana Mercedes. Yo soy un candidato éticamente incuestionable. Decente. Honorable. No permitiré que otra vez vuelvan con palabras leprosas a afectar mi buen nombre. Y la reto a usted a que me muestre un solo acto que cuestione mi decencia y mi ética pública. Uno solo señora Ana Mercedes, que sea de mi responsabilidad y que justifique sus infames declaraciones!
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martes, 21 de junio de 2011
miércoles, 9 de marzo de 2011
El trabajo infantil perpetúa la pobreza
La Sociedad es tolerante con causas ilegales que no nos dejan progresar. El trabajo infantil es una de esas actividades con las que la sociedad es complaciente, aun sabiendo que prolonga la miseria y la inequidad.
La Constitución y la Ley prohíben el trabajo infantil. Como muchas cosas en Colombia, lo ilegal es aceptado a ojos vistos. A la ilegalidad del trabajo de los niños, están atados el odioso maltrato y explotación infantil.
Según el último informe del DANE, en Colombia hay 1.628.300 niños entre 5 y 17 años que trabajan. De ellos, 786.567 laboran 48 horas o más y 841.773 trabajan en el hogar más de 15 horas. El 46,7% de los niños que trabajan lo hacen porque la familia no tiene ningún tipo de ingresos. El 16.8% labora más de 48 horas semanales. Y el 33.4% trabajan entre 48 y 25 horas.
Un menor que trabaje será un adulto sin futuro y lo acompaña la ignorancia. La mayoría de los niños que trabajan, no van a estudiar; de los menores que laboran en el campo, el 80% no va a la escuela.
A los niños que trabajan, la miseria los rondará de por vida. El trabajo infantil perpetúa la pobreza de una sociedad.
Y las frustraciones del infante lo acompañaran de por vida. Un niño que trabaja nunca fue niño. Y con el tiempo, pierde la alegría y la felicidad que es un derecho de los infantes. El trabajo infantil priva al niño de su niñez, no vive a plenitud la vida y la libertad propias de un infante. El Menor que trabaja lleva un dolor invisible, que lo acompañará toda la vida, por no poder haber tenido la felicidad que le corresponde a cada niño en este mundo.
A los niños pobres los asedian todos los ilegales. Los grupos armados ilegales desde tiempo atrás ven en el reclutamiento de los niños una fuente de mano de fuerza barata y de excelente calidad para la violencia. Las redes de pornografía y explotación sexual están al acecho y los esclavizan con dinero, alcohol y drogas. Las redes internacionales de tráfico de drogas los envician y los utilizan para el transporte y comercio de droga. En los colegios los jibaros menores abundan porque no se distinguen de sus compañeros. Los delincuentes ven en el menor la impunidad y los inducen a cometer delitos para ellos excarcelables. Y muchos padres, desesperados por la falta de ingresos en la familia, los utilizan para que trabajen en lo que resulte.
Oigan esta cifra. El 37.6% de los infantes que trabajan no reciben ninguna remuneración, explotación pura. 842.000 menores, especialmente niñas, realizan labores de hogar permanente que no les permite estudiar ni formarse.
Una nota importante. Cuando se habla de equidad de género no se puede ignorar una causa certera de inequidad, pues de los cerca de 846.000 menores que trabajan más de 15 horas semanales en oficios de hogar, el 77% son mujeres. Desde allí nace un severa inequidad de género.
El reclutamiento de los menores para la guerra es dramático y no termina. Unicef y Human Rigths Watch calculan que serían entre 8.000 y 11.000 los menores reclutados por paramilitares y guerrilleros. Pero el Tribunal Internacional sobre la Infancia asegura que habría más de 14.000 infantes reclutados por paras y guerrillas.
En la ciudad de Medellin, según cifras del Ministerio de la Protección Social, trabajan 60.023 niños entre los 5 y los 17 años. De ellos, el 40 por ciento no asiste a la escuela. En Bogotá hay 106.883 niños trabajando. En Cali 67.288. En Barranquilla 48.475. En Bucaramanga 28.307 En Cartagena 26.513.
Mientras se tolere el trabajo infantil de niños y niñas, se acentuará la cadena de la pobreza y nunca se superará la inequidad.
Es urgente crear un ambiente de legalidad propicio para que todo niño y niña se desarrolle hacia el progreso individual y de la sociedad. Si, que un niño que trabaje es ilegal, y tenemos 1.6 millones de menores trabajando y violando las normas, no solo seguimos el camino de perpetuar la pobreza y la inequidad, sino también, que estamos construyendo una cultura de la ilegalidad que se puede carcomer la institucionalidad. Si lo ilegal vale, estamos perdidos.
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martes, 8 de marzo de 2011
martes, 22 de febrero de 2011
Hay que amar en secreto a los enemigos
Resulta natural odiar a los enemigos. Casi todos los seres humanos exacerban sus pasiones y se imponen la obligación interior de detestar cada día más a sus discrepantes. El odio es el ojo más usado para observar a los enemigos.
Pareciera que Odiar a un enemigo no tiene gracia. Es lo común. Asimismo, amar a alguien que nos ama resulta tarea fácil. Amar a los enemigos pareciera estupidez, pero no es asi. Amar en secreto a los enemigos es la actitud más enriquecedora y productiva para el crecimiento de los seres humanos.
Amar solo a los que nos aman no tiene mucho mérito. El merito es ser capaz de amar a los que nos calumnian, a los que nos atropellan.
En efecto, hay que amar en secreto a los enemigos. Que haríamos sin ellos. Los enemigos nos hacen superar. Nos presionan a trabajar más para alcanzar las metas, nos obligan a acelerar el paso para llegar al éxito.
No debe ser exótico tener afectos invisibles por los que nos odian. Jesús habló muy claro en el Evangelio: “Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen, y rezad por los que te persiguen y calumnian”.
Los que tenemos paz interior, los que tenemos tranquilidad en el alma, solo reconocemos la ley del amor. El odio es resta. El insulto separa. La calumnia es la lepra de la palabra. El rumor es la voz de don nadie.
El líder tiene que construir un manual para saber cómo enfrenta a sus enemigos. Los enemigos vienen en todos los tamaños. Desde los que pelean con argumentos y dialéctica, y esos son los más peligrosos y respetables; hasta los que obran con torpeza por odios interiores.
Nunca es bueno un ataque de enemistad, pero hay que alegrarse cuando atacan los enemigos que se dejan llevar por las pasiones inútiles, pues se les inactiva la inteligencia y la razón. Y esos son los mejores enemigos porque cuando atacan, ayudan. Cuando insultan con torpeza, alaban. Y cuando ultrajan, están mostrando sus propias frustraciones.
Como ya empiezan los miedos interiores en las campañas políticas, Ramiro Valencia Cossio pica en punta con rumores falsos. A Ramiro le gusta la voz de don nadie para convertir sus escritos en lepras de la palabra.
Dice en El Colombiano Valencia Cossio, que Luis Pérez Gutiérrez cuando fue Alcalde de Medellin encerró a EPM en la provincia y que no dejo que invirtiera por fuera de Antioquia. Una crítica sin argumentos, un Rumor de mala leche con olor a azufre. Qué favor me hace Valencia Cossio para recordarle la verdad.
En la Alcaldia de Luis Pérez, EPM compró a la empresa CHEC, electrificadora del Departamento de Caldas.
En la Alcaldía de Luis Pérez, EPM compró a la empresa EDQ, la electrificadora del Departamento del Quindio.
En la Alcaldía de Luis Pérez, EPM construyó e inauguró el Parque de Energía Eólica, Jepirache, en la Guajira, único en Colombia.
En la Alcaldia de Luis Pérez se creó el Contact Center de EPM para el Mundo, que hoy cuenta con más 2.500 empleos de buena calidad.
En la Alcaldia de Luis Pérez se creó la empresa de telefonía celular, hoy TIGO, y que tiene espacio en toda Colombia. Nació en asocio con la Alcaldia de Bogota y ahora tiene socio internacional.
En la Alcaldía de Luis Pérez EDATEL creó la empresa de telefonía para el Departamento de Córdoba.
En la Alcaldia de Luis Pérez se creó con EDATEL la empresa de telefonía para el Departamento de SUCRE.
En la Alcaldia de Luis Pérez se creó la empresa Aguas EPM Bogota que ganó por licitación el servicio de Acueducto de la Ciudad de Bogota.
En la Alcaldía de Luis Pérez Medellin, EPM tuvo los servicios públicos más baratos de Colombia y eso puso a temblar a todos los que en el país especulan con las tarifas de SSPP. En particular, al Dr Valencia Cossio no le gustó la idea de que EPM tuviese los servicios públicos más baratos de Colombia. Y desde la CREG y el Ministerio de Minas amenazaron a Luis Pérez con sanciones y lo enviaron ante la Procuraduría solo porque congeló las tarifas de energía, para que la gente pagara tarifas justas. Antioquia es la mayor productora de energía y pagamos de las tarifas más altas de Colombia. Qué honor que a uno lo persigan por ayudar a los pobres. No me extraña que Valencia Cossio salga del closet y manifieste que le disgusta la igualdad. Débil ante los poderosos y fuerte ante los débiles. Valencia Cossio considera sospechoso o populista a todo líder popular que quiera ayudar a los pobres. Aun a costa de ganarme los odios azufrescos de Valencia Cossio, me honra ser líder popular y luchador por la utopía igualdad, y espero que Dios me conserve esa sensibilidad hasta que muera.
No se recuerda mucho de Ramiro Valencia Cossio en su paso por la Gerencia de EPM. Solo recuerdo que puso en marcha a Orbitel, que terminó quebrada y con escándalos. Y recuerdo la creación de TELEPSA que nació quebrada.
Valencia Cossio debe recordar que en el atardecer de su vida lo examinaran en el Amor. Debe dejar de odiar, para que no lo coja la tarde con las arcas vacías del amor!
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El impuesto de valorización: Inconveniente y tardío
Haciendo un análisis juicioso de la Valorización, es menester concluir que tuvo importancia en Medellin hace más de 20 años para resolver problemas de movilidad y desarrollo urbano. Y, en efecto, cuando se aplicaba ese impuesto, los bienes raíces que tenían accesos e infraestructura precarias, aumentaban su valor. Paulatinamente la valorización fue cayendo en desgracia pues se la carcomió la burocracia y empezó a aplicarse como un impuesto regional más, para solucionar cuanto problema de tráfico aparecía.
La Valorización se convirtió en un tributo adicional para sacarle dinero a los ciudadanos pudientes sin valorizarles sus propiedades, lo cual es contrario a la norma que lo creó. Para sostenerse o perpetuarse, El Sistema de Valorización siempre crea estructuras burocráticas públicas, pesadas, que hay que sostener de cuenta de los contribuyentes, asi no tengan proyectos ni ingresos. Y fue asi como, El impuesto de valorización se fue convirtiendo imperceptiblemente en caja menor de entidades burocratizadas, que en ocasiones ni proyectos viales ejecutaban.
A la ciudadanía ya no le gusta el impuesto de Valorización, no le encuentra beneficios comparado con lo que paga. Los signos sociales asi lo dicen. En los últimos 20 años, o más, la ciudadanía se ha opuesto con vehemencia a aceptar el impuesto de valorización en todos los puntos de la ciudad donde se ha tratado de decretar, porque se dieron cuenta que las propiedades no aumentan el valor, y en muchos casos se desvalorizan.
Lo que otrora fue un gran instrumento de desarrollo urbano se convertió en herramienta vetusta que genera escozor a la ciudadanía. El Alcalde Fajardo en 2004 aseguró con vehemencia que cobraría el tributo de valorización al Barrio El Poblado y al final desistió porque la gente lo vio antipático.
El Poblado es el espacio más atractivo para derramar el impuesto de valorización por ser el más congestionado y supuestamente el que alberga a los más pudientes.
La Alcaldia de Medellín Actual definió algunas obras para el barrio El Poblado con el fin de mejorar el tráfico y ha manifestado su interés en cobrar el impuesto de Valorización. Las obras son buenas, deben construirse, pero es inconveniente y tardío utilizar la figura de cobrar el impuesto de valorización.
Vivir en El Poblado es costoso. El Poblado es la Comuna de la Ciudad que más aporta en impuestos Predial e Industria y Comercio. Es desde donde más se genera empleo para la ciudad. Es el que más dinero gasta en Servicios Públicos y el que más aporta para subsidios a los estratos menores. Las obras planteadas son buenas pero no valorizan las propiedades, incluso, muchas propiedades se verán desvalorizadas y varias zonas perderán calidad de vida.
De otro lado, el invierno desvalorizó muchas propiedades y el sector del Poblado entró en una oculta recesión obligada del mercado de propiedades.
Adicionalmente, el impuesto de Valorización es tardío. Los diseños definitivos de todas las obras no están listos. Los retrasos en el proyecto son evidentes. Los costos del proyecto ni siquiera se conocen, se especula que pueden ser $320.000 millones, o más, o menos. Todo presupuesto es incierto si no se han terminado los diseños. El pálpito es que se están macheteando muchos procesos matemáticos por el desespero de encontrar algún número mágico que justifique el derrame urgente de ese impuesto de Valorización. Y a estos retrasos, hay que sumarle que en pocos meses se nombrará un nuevo Alcalde para la Ciudad, lo cual sin duda, es un hecho inocultable que le traerá nuevos vientos a la ciudad.
Precisamente porque el impuesto no valoriza los bienes de quienes pagan es por lo que es necesario construir las obras pero no cobrar impuesto de Valorización. Un aporte del presupuesto del Municipio Medellin de $320.000 para construir esas obras en seis años, es menos del 10% de lo que el Sector del Poblado aporta a las finanzas del Municipio.
De paso, conviene una reflexión. Es urgente que la Municipalidad defina un Megaplan de Movilidad para toda la ciudad y el Area Metropolitana que evite construir obras por pedazos como las que se intentan hoy. Un Megaplan de Movilidad, por concesión, con dineros privados, que le devuelva competitividad y calidad de vida a la ciudad.
Y finalmente otra reflexión. La identidad del barrio El Poblado se está desfigurando. El Poblado se ha ido convirtiendo en zona de cruce vehicular para el interior de la ciudad y también zona de cruce para otros municipios del Valle del Aburra y del Oriente Antioqueno. Y de seguir igual, al lado de cada apartamento habrá un puente elevado lo cual deteriora la calidad de vida. El Poblado podría pasar de ser un Barrio Verde a un Barrio de Cruces vehiculares. Hay que pensar el Poblado como espacio de comunidades y no como un sistema vial que sirva de paso para conectarse con otros municipios vecinos.
Si otras Obras en El Poblado se han podido construir sin Valorización como la Avenida 34 o la doble Calzada a las Palmas, debería desistirse de ese impuesto y construir lo más pronto posible estas nuevas obras.
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Salud para todos con la cédula
Al firmar la nueva ley de la Reforma a la Salud donde se oficializa la Política de Estado en esta área, el Presidente Juan Manuel Santos ha sorprendido a todo el país cuando anuncia que, “Para acceder a la salud sólo se necesita ser ciudadano colombiano”. Es una postura revolucionaria del Presidente que cambia la historia de la salud en Colombia. Es un hecho trascendental de equidad social que todos tenemos que apoyar y resaltar.
Que cada colombiano que necesite salud sólo tenga que presentar la cédula para que lo atiendan, es un programa audaz que rebasa todas las políticas sociales de salud que se habían aplicado en el país.
La Constitución de 1991 había dicho que la Seguridad Social era un derecho irrenunciable, pero, cómo se podría renunciar si ni siquiera se tenía. Era un derecho muerto. Ahora llega una nueva política que hace justicia social y coloca al Presidente Santos como un transformador social de altas dimensiones.
Lo que sigue es que cada ciudadano interiorice y exija este derecho. El reto no es solo para el Presidente y el Gobierno Nacional, sino también para alcaldes y gobernadores que ofrecen servicios de salud en sus regiones. Los gobernantes locales y regionales deben entrar en cuarentena con todos sus equipos de trabajo para que le expliquen a sus gobernados, cómo cualquier persona por ser colombiana, puede ejercer ese nuevo derecho en salud que impone la nueva Ley y el Presidente Juan Manuel Santos.
Se acabaron los obstáculos para que la gente acceda a la salud. Y es lo más justo. Nadie se enferma por gusto. La Salud es un derecho de primera generación y, constituye un hecho histórico, que Colombia muestre una cara de justicia ante el mundo. Las sociedades más avanzadas sobresalen por la buena atención en seguridad social a sus habitantes.
“Todos los colombianos estarán afiliados al sistema de salud y ya no habrá ninguna excusa para no ser atendidos con un buen servicio y con apenas la cédula de ciudadanía; así se cumplirá el sueño y el derecho”, declaró el Presidente Juan Manuel Santos.
Estas palabras de molde obligan a rendirle tributo al Presidente Juan Manuel Santos. Acceso a la Salud solo mostrando el documento de identificación parece una fantasía que el Presidente está haciendo realidad. Antes era necesario mostrar la chequera para que un centro de salud atendiera a un ciudadano, hoy hay que mostrar la cédula o la calidad de colombiano. El Presidente Santos está haciendo poesía social.
Que bello mensaje le envía el Presidente Santos a Colombia. Con este programa incluyente de acceso a la salud para todos los colombianos, el Presidente Santos ratifica que no le tiene miedo a la igualdad y que se merece la admiración de toda Colombia. El Gobierno de la Unidad Nacional con Juan Manuel Santos a la cabeza revoluciona la salud de Colombia y hace realidad metas que antes eran solo sueños.
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Las paradojas del salario mínimo
La mesa de concertación del salario mínimo ha sido un fracaso año tras año. Los trabajadores piden aumentos generosos y el gobierno y los empresarios se mueven con la austeridad en el bolsillo.
El IPC creció en un 3.4% y el salario mínimo lo aumentaron en 3.5%. Y en una noble decisión del Presidente Juan Manuel Santos, se corrigió al 4%.
Los economistas manejan la teoría que el aumento del salario mínimo es inflacionario y puede crear desempleo. Es una teoría peregrina. La meta primera de todos los estados del planeta es derrotar la pobreza. Incluso el Banco Mundial en sus estatutos tiene como misión esencial acabar la pobreza en el mundo. Pero en práctica, economistas y BM, no muestran avances.
Aumentar el mínimo en cifras cercanas a la inflación sería aceptable si de verdad existiese una disciplina económica de gobierno y empresarios que logre que los productos de primera necesidad crezcan por debajo de la inflación. Si empresarios y gobiernos son tan radicales para encarcelar el salario mínimo, no se entiende porque no tienen la misma energía para controlar precios de productos y servicios bajo su tutela.
Mientras el salario mínimo creció en 4% y el subsidio de transporte de los trabajadores aumentó solo en 3.7%, se autoriza incrementos del 8% en tarifa de transporte público; del 13% en los tiquetes del Metro; y del 8% en tarifas de taxis. Y la gasolina la aumentan en más del 12%.; la Energía y los SSPP en más del 12% y los peajes subieron hasta el 20%. Y nunca vuelven a disminuir. Y este episodio se repite año tras año.
Esta es la paradoja de la inflación. Todo sube más que el IPC.
Colombia quiere acabar con la pobreza y ha firmado pactos internacionales. Si no hay mejores salarios y una moderada redistribución del ingreso, la pobreza será la herencia eterna de Colombia. Según Naciones Unidas, 10 millones de colombianos viven con menos de US2 dólares diarios. Y según el DANE, en 2011, el 52% de los trabajadores colombianos son informales; y el 85.9% de estos informales ganan menos de UN salario mínimo. De otro lado, de los trabajadores formales, el 49% ganan menos de un salario mínimo. Y en total, el 92% de los colombianos en edad de trabajar tienen ingresos inferiores a dos salarios mínimos.
Es claro, que el 92% de los colombianos son dependientes del salario mínimo.
El futuro del ingreso de los ciudadanos se ve muy oscuro. Y la pobreza no parará en el largo plazo, pues la pensión de jubilación es escasa para el colombiano. Solo el 9.1% de los trabajadores informales tiene seguridad social. Y en general, de los 19 millones de empleados, 11.5 millones no aportan para jubilación, y a estos se suman los 2.5 millones de desempleados. O sea, 14 millones de colombianos que trabajan o buscan trabajo hoy, en los próximos 15 años ni estarán en capacidad de trabajar ni tendrán pensión; esos futuros ancianos escogerán entre ser, pobres o indigentes.
La pobreza de Colombia depende del salario mínimo. Y en la agenda de los economistas no esta derrotar la pobreza sino mostrar índices económicos elogiosos que embolaten el hambre de la gente.
El dilema es: Sirve o no el salario mínimo para combatir la pobreza?
Desde el punto de vista humano, el principio que orienta a los economistas, al gobierno y a los empresarios es deleznable. No aumentar más el salario mínimo porque es inflacionario, es combatir la inflación a costa de la pobreza. Es preferible soportar un punto más de inflación y disminuir un punto de pobreza.
Nadie sale ni saldrá de pobre ni podrá ahorrar un centavo si se gana de por vida un salario mínimo.
Nuestro modelo económico tiene que replantearse o simplemente dejar de soñar en la derrota de la pobreza. Con el modelo actual, Colombia seguirá teniendo el 60% de la gente con ingresos menores a un salario mínimo y el 90% con menos de dos salarios mínimos.
Muy buena la reacción del Presidente Santos de romper esquemas y revisar el aumento del salario mínimo pues muestra una gran sensibilidad en reformar un hecho fallido y repetitivo que le quita derechos al pobre.
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El derecho a la ciudad
El cambio más revolucionario que ha tenido Colombia en los últimos cien años es el proceso de urbanización y la concentración ciudadana en zonas urbanas. La conformación de ciudades crecientes, atractivas; que entusiasman a los empresarios para invertir; que dinamizan el comercio y convierten los servicios públicos en negocios sociales y rentables; que valoran el espacio público y la recreación popular; que encausan el pensamiento ciudadano hacia la solución de los problemas colectivos antes que los individuales, es sin duda una gran modificación de la realidad colombiana.
La ciudad se ha convertido en un imaginario social que contiene todas las claves para satisfacer las aspiraciones ciudadanas. La ciudad es para el ciudadano moderno el sueño y la gran oportunidad para ser más. La gente busca en la ciudad un empleo, una buena educación, la buena vida que todo ser humano sueña y que le es esquiva en otros lugares remotos.
La ciudad es un referente que para cada persona tiene un significado distinto, según sean sus problemas, sueños y aspiraciones. Para un campesino, por ejemplo, la ciudad es cualquiera, la que encuentre más cerca. Para un habitante pudiente bogotano la ciudad puede ser la misma Bogotá o una gran ciudad en otro país. Aquellos que en Colombia no encuentran empleo ni oportunidades, sueñan con otra ciudad como su redención, como una meta de progreso que se debe intentar alcanzar; entonces, piensan en otra patria porque aquí no encuentran patria, y sueñan su ciudad en EE.UU o en Europa, o donde hayan escuchado decir que hay trabajo para todos. En cambio, quienes viven en una ciudad que llene sus sueños, nunca la quieren dejar.
Por eso, el mundo de hoy es un continuo proceso de emigración y desplazamiento. Quienes habitan ciudades pequeñas emigran a ciudades de mayor desarrollo urbano. Los habitantes de países pobres quieren ir a países más ricos. Toda persona quiere pasar a otro estado hipotéticamente mejor. La emigración a la ciudad ha sido una constante en la historia de la humanidad.
En épocas anteriores, quienes buscaban la ciudad lo hacían voluntariamente para superarse o abrir nuevas oportunidades a sus hijos. En los últimos tiempos, los acosados por la barbarie –ricos y pobres– también emigran a buscar su destino citadino. Muchos compatriotas pudientes se van a una ciudad foránea de huida de la violencia que no los deja progresar, para ver si fuera de la patria encuentran la paz y el progreso. Otros compatriotas pobres buscan la ciudad cuando son expulsados de sus lugares por la barbarie. Tienen que abandonar intempestivamente sus hogares, no tienen tiempo de preparar su incierto destino, salen angustiados, sin rumbo, en busca de un lugar siempre extraño.
Los de menos recursos, cuando llegan nuevos a la ciudad son mirados con recelo, y en ocasiones son excluidos de oportunidades de trabajo, se les niega la integración a la vida urbana. Existen gobernantes que se fastidian cuando llega un pobre a la ciudad, como si una ciudad fuese una sociedad anónima sin corazón, donde para ingresar hay que pagar acciones. Asimismo, los países desarrollados han excluido de hecho a los emigrantes pobres: niegan la visa a quien no muestre recursos suficientes. Pareciera no existir política social internacional sino política internacional de rentabilidad económica. Los Tratados de Libre Comercio deberían contemplar el respeto a la dignidad humana de los más pobres, pues un pacto igual entre desiguales lo gana el más fuerte. Resulta paradójico que un bien de consumo se mueve libremente entre ciudades, pero que al mismo tiempo, se le niegue la movilidad internacional a los seres humanos de países pobres, se les niegue el derecho a la ciudad.
Resulta curioso que ninguna legislación nacional o internacional contemple una defensa del Derecho a la Ciudad para todos los humanos, sin distingos. Es tiempo de modernizar el Código de los Derechos Universales del Ser Humano, e incluir en él el derecho a la ciudad, como una necesidad de construir sociedades contemporáneas igualitarias. De no ser así, la humanidad creará una comunidad de marginados amontonados y quietos en sus madrigueras, mientras por su lado, circulan un puñado de poderosos que se mueven con libertad y todas las oportunidades por todo el planeta.
Desde tiempos milenarios la ciudad ha sido una oportunidad de avance, un sueño para el que viene de más abajo, una esperanza para la movilidad social, un cambio hacia una nueva vida. La ciudad es la búsqueda de la felicidad, de la cual ninguna persona quiere estar lejos. Por eso, ni a los desplazados ni a ninguna otra persona se le puede negar el derecho a la ciudad, el derecho a participar activamente dentro de la vida urbana.
El derecho a la ciudad es una figura moderna que tiene que ser reconocida y llevada a derecho fundamental. Es un derecho para los que llegan a una metrópoli con necesidad y aspiraciones, y también para los pudientes, que salen para ciudades lejanas buscando ampliar sus horizontes. El derecho a la ciudad está en mora de ser incluido en la legislación contemporánea, para construir ciudades justas e incluyentes.
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El invierno contra los pobres
El país no ha dimensionado la magnitud de la catástrofe que ha producido el invierno. En pobreza, Colombia ha retrocedido más de 10 años.
De los 32 departamentos, 20 están en crisis por los estragos del invierno. Medio país incomunicado por una infraestructura vial que resultó muy frágil contra el invierno. En las laderas se mueve sin compasión la tierra y en los plano se extiende sin murallas el agua y las inundaciones.
Municipios enteros están en agonía y otros han desaparecido. Gramalote en Santander se quedó sin habitantes. A muchos municipios se los ha tragado la tierra y a otros el agua. Innumerables seres humanos muertos bajo los escombros para siempre pues ni siquiera han sido rescatados. La tragedia de la Gabriela en Bello, nunca se esclarecerá porque aunque se encontraron 80 cadáveres, nunca se sabrá cuántos quedaron bajo la tierra. En las costas, poblados enteros cubiertos por el agua parecen la extensión del mar; pueblos enteros con el agua hasta los techos.
Cerca de dos millones de damnificados y 500.000 familias afectadas. En el pasado, Colombia ocupó el segundo lugar en el mundo por los desplazados por la guerra. Hoy somos los primeros en el mundo por los desplazados del invierno. Los desplazados por el invierno dejan, apurados sus casas, sus tierras, sus culturas, sus pertenencias antes de que el invierno les quite hasta la vida. Y salen al desierto de las ciudades, sin nada, a sobrevivir en la aridez del desempleo y la pobreza.
Sufre el país y sufren los pobres que son los primeros golpeados por la lluvia inclemente. Los pobres son los más frágiles frente al invierno y se ha acrecentado la pobreza. Los pobres han quedado más pobres y con necesidades de supervivencia inmediata que los hace sufrir más.
Se estima que se necesitan más de 10 millones de millones pesos para rehacer los estragos materiales del invierno, y las lluvias aún no paran. Y sin contar los intangibles culturales de regiones enteras que desaparecen, ni los males de quienes pierden la educación, o los empleos, o sus tierras, o su salud, o sus pertenencias.
El Presidente Santos ha mostrado una diligencia y una sensibilidad que nos da energía a los colombianos para ser más solidarios. La Reconstrucción de Colombia por los estragos del invierno merece normas especiales asi como se crearon contra la violencia. Asi como el Presidente Santos nombró funcionarios de excelencia para su gobierno, asimismo debería designar un grupo de dirigentes muy inteligentes que lideren la reconstrucción del país.
Mientras el gobierno trabaja en la solución inteligente de los estragos, los ciudadanos del común tenemos que exteriorizar nuestra solidaridad y nuestro aporte a tantos colombianos que sufren y se han quedado sin nada por causa del invierno.
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