Este país es arribista y abundan los antropófagos de la política.
El Presidente Álvaro Uribe hizo una tarea histórica para devolvernos la fe en la patria. Recibió un país sin esperanzas y reconstruyó los ideales perdidos. Antes de Álvaro Uribe la paz era para nunca, y ahora, gracias a él, hay esperanzas de paz para ya. Paz para nunca no es una propuesta política y así estuvo el país en los últimos 60 años.
Terminó Uribe su mandato y se desató una bronca tan escabrosa contra él, que quienes lo respetamos, antes, en la presidencia y ahora, no salimos del asombro. Y la mayoría de sus amigos incondicionales que disfrutaron de las externalidades del poder, ahora guardan un temeroso silencio que de alguna manera se vuelve cómplice a favor de los bronquistas antiuribistas.